sábado, abril 29, 2017

sociología del deporte Sociología clínica

https://www.pagina12.com.ar/diario/psicologia/9-69161-2006-06-29.html

 EL BOXEO COMO FACTOR DE REGULACION SIMBOLICA

Primero, pegarle a la bolsa

Para conocer desde adentro la experiencia del boxeador, un profesor de sociología parisino compartió durante tres años el entrenamiento y la pelea, en un gimnasio de un barrio pobre: descubrió un orden inesperado, “una ciencia primitiva” y “hasta dónde llega la potencia de un cuerpo”.
 Por EDUARDO PAVLOVSKY

Loic Wacquant es profesor de sociología de la Universidad de Berkeley. Sociólogo que escribió Las cárceles de la miseria, Parias urbanos y colaborador de Pierre Bordieu en casi toda su trayectoria, nos sorprende ahora con una experiencia singular y de diferente nivel a toda su producción anterior. Durante tres años (1987-1990) se sumergió en un gimnasio del ghetto negro de Chicago y vivió toda la experiencia del entrenamiento progresivo del boxeador. Participó de todas las fases de la vigorosa preparación del pugilista y llegó a completar el duro proceso de entrenamiento que el boxeo exige: culminó su experiencia con una pelea a tres rounds, donde perdió por puntos, en un combate muy duro, y donde quedó lastimado.
Durante toda la singular estadía en Chicago lo acompañó su compañera Elisabeth. El universo cerrado del boxeo no puede comprenderse fuera del contexto humano y ecológico en el que está inscripto ni fuera de las posibilidades sociales que ofrece.
El gym (gimnasio) que Wacquant eligió para su experiencia inédita está en el barrio de Woodlawn de Chicago: el ghetto negro de Chicago, que hoy se ha convertido en una “vasta bolsa de miseria y desesperanza, donde se concentran las franjas de población más marginales de la ciudad”, tal como lo describió Wacquant en Las cárceles de la miseria; la extrema violencia y la droga son fenómenos normales en ese residuo de vida humana, población afronorteamericana. Desde 1960, paulatinamente el Estado los dejó sin protección, en extrema miseria, creando un ambiente donde la delincuencia es un fenómeno habitual y diario: “Hay que robar y matar para sobrevivir”.
Todas las familias tienen sus delincuentes, que son los que matan y roban para poder mantener a sus miembros. Ningún dinero alcanza si no se entra en el mercado de la droga y de la criminalidad. Mundo de población excretada. Producción de residuos humanos, cuerpos residuales, seres “superfluos” –diría Zymunt Bauman en Vidas desperdiciadas al describir a esos seres que viven al margen– y que nunca llegarán a poseer los recursos humanos indispensables para sobrevivir. Que se entienda: nunca. Vivir sin esperanzas. Es la nueva raza subhumana de los descartables.
En el centro de Woodlawn está el gimnasio de boxeo de Dee-Dee, ex boxeador, hoy dedicado a la enseñanza pugilística. Allí fue Wacquant. El era el único blanco del gimnasio, y todos sabían que era un sociólogo, investigador francés, pero llegó a ser aceptado por los boxeadores gracias a la feroz disciplina con que se abocó al entrenamiento pugilístico durante esos tres años. “Tenían un respeto especial por mí, siendo un blanco francés y no norteamericano, porque me veían entrenarme con la misma disciplina de todos los boxeadores habituales.” Footing-soga-bolsa- puchingball-shadowbox y sus sesiones habituales con el sparring, muchas veces feroces, le permitieron a Wacquant gozar del respeto y solidaridad habituales en el gym.
Cuando Dee-Dee lo recibió el primer día en el gym, le dijo: “Quiero decirte que yo sacrifico a mi mujer y a mis hijos para prepararte a ti, así que más te vale que te sacrifiques por ti mismo. Aquí el reglamento es el reglamento y mi reglamento no se discute, ¿lo captas? ¡A trabajar! Te enseñaré como pegarle a la bolsa, es lo primero que tenés que aprender. Antes de que subas al ring con el sparring tengo que enseñarte mucho. Cuando diga: ‘Seis tandas de soga’, no son cuatro: son seis. Cuando digo ‘saltá’, quiero que saltes y que no te pares hasta que yo te lo diga. Aquí sólo hay un jefe y lo tienes delante de ti: ¿todavía quieres venir?”.
“Sí, señor”, dijo Wacquant, y su preparación comenzó.
Tiempo después comprendió que el autoritarismo de Dee-Dee, que pudiera parecer salvaje, era el intento de incluir el orden simbólico en el grupo de boxeadores del gimnasio; evitar la anarquía. “La voz de Dee-Dee es la voz del orden y de la autoridad”, le dijo un boxeador.
El gym es una escuela de moralidad en el sentido de Durkheim, es decir, una máquina de fabricar el espíritu de la disciplina, la vinculación grupal, el respeto –tanto por los demás como por uno mismo– y la autonomía de la voluntad, que son aspectos fundamentales de la vocación del boxeador. En tres años, Wacquant se hizo boxeador siguiendo los consejos de Dee-Dee; muchas veces gritado y hasta vapuleado por las órdenes autoritarias del manager. Aprendió además la misteriosa relación con el sparring con quien tenía que subirse al ring para entrenarse y cambiar golpes para defenderse.
Dee-Dee le explicaba a Wacquant que el sparring es un profesional que sube al ring para enseñarle, que es un “profesor del cuerpo” y que siempre va a ser cuidadoso con sus discípulos, pero también hay que aprender a cuidarlo y a no lastimarlo inútilmente, porque el sparring trabaja seis horas diarias con los boxeadores y todos tienen que aprender de la experiencia. El sparring y sus discípulos tienen que aprender a “cuidarse mutuamente”.
Wacquant no era “observador” de una experiencia, sino que puso su cuerpo para aprender todo tipo de producción de subjetividades creadas en el gym. Cumplió meticulosamente todo el proceso de entrenamiento previo a un combate. Vivió todo lo que escribió en el libro Entre las cuerdas, incluidos los miedos y terrores frente al combate que iba a llegar, narrados en confidencia por los boxeadores. Muchas veces su compañera Elisabeth lo esperaba a la noche para curarlo de alguna herida.
“Nunca hubiera comprendido las solidaridades que existen entre los boxeadores si no hubiera participado activamente en ellas; si no hubiera comprendido desde el cuerpo el código del entrenamiento”, contó.
Mi padre, que fue campeón argentino de peso pluma en 1920, me decía siempre que en el proceso de entrenamiento de box él había encontrado un clima de afecto y compañerismo como pocas veces en su vida. Un recuerdo imborrable, me decía.
En 1984 participé en la película Cuarteles de invierno, donde hacía de boxeador veterano en el libro de Osvaldo Soriano que dirigió Murúa. La producción de la película me recomendó concurrir al gimnasio del Luna Park para entrenarme; la película incluía una feroz pelea de box y yo tenía que estar entrenado. Tenía cincuenta años: en el gimnasio, se les dijo a los boxeadores que yo iba a hacer una película y tenían que ayudarme. Zacarías era mi entrenador. A la mañana, me llevaba a correr por Palermo, estableciendo una relación mutua de afecto y confianza. Pocas veces en mi vida me sentí tan protegido y cuidado como con los boxeadores. Yo boxeaba bastante bien y eso les sorprendía a muchos. Pero, cuando hacían guantes conmigo, jamás nadie intentó lastimarme. Mi entrenamiento duró un mes seguido. El clima de solidaridad fue inolvidable.
Según Wacquant, la sala de boxeo del gimnasio se define en su relación de oposición al ghetto que la rodea: al reclutar a sus jóvenes y apoyarse en su cultura masculina del valor físico, el honor individual y el vigor corporal se enfrentan a la calle como el orden al desorden, como la regulación individual y colectiva de las pasiones a su anarquía privada y pública; como la violencia controlada y constructiva de un intercambio estrictamente civilizado y claramente circunscripto –al menos desde el punto de vista de la vida social y de la identidad del boxeador– a la violencia sin sentido ni razón de los enfrentamientos imprevistos y carentes de límites o sentido, que simbolizan la criminalidad de las bandas y traficantes de droga que infestan el barrio.
El gimnasio, con su entrenamiento boxístico riguroso y diario, les permitió a muchos jóvenes encontrar nuevas subjetividades, ajenas a la violencia anárquica de la calle.
Decía Dee-Dee: “Salvamos muchos muchachos de la droga; el entrenamiento y el grupo de boxeadores, les permitieron salir del infierno”. Dee-Dee decía con orgullo que en su gimnasio se habían entrenado Mike Tyson y otros boxeadores famosos, como De la Hoya en sus comienzos.
Deleuze y Guattari dirían que el gimnasio se convertía en el descubrimiento de un nuevo territorio existencial para los jóvenes, que podían descubrir otras formas de vivir; una “desterritorialización” del universo de la droga.
El boxeo demuestra ser una especie de ciencia primitiva (¿no era Nicolino Locche “científico” dentro del ring?), una práctica eminentemente social y casi erudita. El púgil emerge como producto de una organización colectiva, que, aunque nadie la haya concebido ni deseado como tal, no por ello deja de estar objetivamente coordinada por el ajuste recíproco de las expectativas y demandas de los ocupantes de las distintas posiciones del gym. Son elementos para una antropología del boxeo, como fenómeno biológico-sociológico.
Keith, un boxeador profesional, decía: “A mí me hace bien escuchar a Dee-Dee, pero también me hace bien entrar al gym y ver que hay otros compañeros trabajando muy duro y siendo siempre leales y buenos camaradas. Cuando no entreno, los extraño a todos”. Extrañaba al grupo solidario, por oposición al mundo violento y anárquico de la calle.
Un rizoma: cuando yo nadaba me entrenaba cinco veces por semana, con gran rigor, obedeciendo siempre las órdenes de mi entrenador. A mí la natación me forjó un carácter: para ser bueno, uno tiene que entrenarse duro. Eso mismo me sirvió para el teatro, con los ensayos rigurosos, en mi trabajo clínico grupal y también para una vida diaria cuando, “todavía”, salgo a correr.
La experiencia de Wacquant es para mí conmovedora. Es un poner el cuerpo a fondo. El relato de su única pelea es de una brillantez estilística excepcional. Y tiene el mérito de asumir un riesgo hasta el final. Un intelectual en serio, con una ideología en serio.
Rigor y libertad parecen ser las palabras que emanan de su experiencia tan extraordinariamente singular. Como dice Spinoza: ¿hasta dónde llega la potencia de un cuerpo? Y, decía Foucault, para conocer el misterio de las cárceles sólo hay que escuchar a los carceleros y a los presos.

Educación Filmus
VINCENT DE GAUJELAC Y LAS PARADOJAS DE LA VIDA COTIDIANA

“El individuo es producto de una historia de la cual trata de convertirse en sujeto”

La sociología clínica está en el cruce entre la sociología, la psicología y la filosofía. Es una mirada sobre las encrucijadas que plantea la vida y trata de ofrecer un tratamiento para esas problemáticas.
 Por Sonia Santoro
Cuando el hijo de un obrero sindicalista termina casándose con la hija de un burgués, ¿se convierte en el enemigo de su padre? Si un inmigrante deja su país en busca de un lugar mejor en otro, y se adapta fácilmente a la nueva vida, ¿está traicionando su herencia familiar? ¿Se puede heredar una empresa o profesión familiar y lograr una identidad autónoma? Si cada individuo es el emprendedor de su propia vida, ¿qué pasa cuando no tiene éxito? Preguntas difíciles de responder. Paradojas que atraviesan nuestra existencia personal y social, son las que aborda el francés Vincent de Gaujelac en un marco conceptual que está “a caballo” entre la psicología y la sociología: la “sociología clínica”. Desde Francia, en esta entrevista con Página/12, aborda algunos núcleos centrales de su trabajo.

–¿Cuándo y por qué llegó a la sociología clínica?

–Es una historia larga. La primera idea era la insatisfacción de la sociología marcada por autores, en particular Pierre Bourdieu, que en El oficio del sociólogo, un libro de 1967, ya declaraba que la maldición del sociólogo era que tenía que trabajar con objetos que hablaban. Era la época en que la sociología desconfiaba de la vivencia de la subjetividad, todo lo que tenía que ver con lo afectivo. Era una época en que la sociología era muy antipsicológica. En realidad, esa gente había leído bastante mal a Durkheim, uno de los fundadores de la sociología, que declaraba que cuando uno había terminado la explicación sociológica, había que orientarse hacia la psicología. Entonces sentí que la sociología era muy objetivante, muy cientificista, que no llegaba a captar las relaciones íntimas entre el ser del hombre y el ser de la sociedad, que era una de las expresiones del Colegio de Sociología que se desarrolló en Francia a partir de 1937/1938. Yo diría que la bendición del sociólogo clínico es que no trata con objetivos sino con sujetos. Entonces nació de la idea de tomar mejor los destinos humanos, basándonos al mismo tiempo en la sociología de Bourdieu, el psicoanálisis de Freud y el existencialismo de Sartre. En particular en torno de un procedimiento que se expone en el libro que se llama Novela familiar y trayectoria social. La novela familiar tiene que ver con el fantasma que los hombres producen sobre sus orígenes. La trayectoria social tiene que ver con el análisis de las posiciones sociales a partir de indicadores sociológicos como el capital social, cultural, económico. El aporte de Sartre es cuando dice “no es lo que se ha hecho del hombre sino lo que él hace con lo que hicieron de él”. De ahí la hipótesis de que el individuo es el producto de una historia de la cual trata de convertirse en sujeto. Y de ahí la idea de introducir el enfoque clínico en la sociología para analizar con las personas involucradas su novela familiar y su trayectoria social.

–Ha estudiado los conflictos de las personas que cambian de clase o cultura, y los definió como “neurosis de clase”. ¿Qué quiere significar con este concepto que une términos de la psicología y la sociología?

–La hipótesis básica en relación con este enfoque es que, aunque sea elegido voluntario o sea padecido, el cambio de clase social genera conflictos, pero no siempre neurosis de clase. Conflicto, por ejemplo, es el hecho de estar confrontado a habitus diferentes; habitus es un concepto sociológico que remite a la idea de que uno internaliza maneras de ser y de hacer en función de la posición social de origen. Es la idea de que hay gente mal educada o bien educada. Elevé en francés no sólo es más educado sino más alto en relación con la estructura social, y esta idea en francés también remite a la idea de que las personas que son más elevadas serían también las personas más educadas. La idea es que hay violencia en las relaciones sociales, entre las clases sociales, que se traduce en procesos de descalificación, desvalorización, justamente en función de estas maneras de ser y de hacer. Después hay otros conflictos que están ligados a los cambios de posición social: el hecho de sentirse superior o inferior y de internalizar sentimientos de ilegitimidad o conflictos de lealtad en relación con los orígenes sociales de cada uno. Por ejemplo, alguien que tiene una fuerte promoción social, un ascenso, puede vivirlo como una traición de clase. Yo había visto por ejemplo que, entre mis colegas universitarios, algunos hacían lo que llamé en ese momento una “neurosis de tesis”: no lograban pasar su tesis no por una cuestión de que fueran incompetentes sino porque vivían como un conflicto muy fuerte el hecho de convertirse en doctores, como si estuvieran traicionando sus orígenes, ocupando una posición dominante. Entonces, todos esos cambios de clase siempre son conflictivos, pero no necesariamente generan neurosis. La tesis que desarrollo en el libro La neurosis de clase es que para que esos conflictos se vuelvan neuróticos tienen que apoyarse sobre otros conflictos de otro origen, que el psicoanálisis nos permite ver, por el lado de la etiología sexual de las neurosis y por el lado de los conflictos edípicos y más inconscientes. De ahí el interés de este concepto, “neurosis de clase”, para tratar de establecer puentes entre la psicología y la sociología.

–¿Hay un tratamiento para la neurosis de clase?

–Hay que entender que no hay nada patológico en la neurosis de clase. Son conflictos existenciales. Entonces no tienen nada que ver con la medicina, ni con el psicoanálisis, sino con un tratamiento que tiene más que ver con una reflexión sobre la historia personal, sobre los conflictos ligados a la historia. Por eso, con colegas desarrollamos grupos de implicación y de investigación donde la gente viene a trabajar sobre su historia para tratar de entender mejor los conflictos. La idea de la implicación y la investigación tiene que ver con desarrollar en un mismo lugar el trabajo sobre sí mismo, y la aprehensión de los mecanismos y procesos que operan para entender los conflictos de la propia historia. Habitualmente esos trabajos están separados. El trabajo sobre sí mismo se hace en psicoterapia y la investigación se hace en la universidad. Estos grupos tratan de articular en un mismo espacio esa doble preocupación, doble manera de hacer investigación sobre sí mismo.

–¿Cuáles son actualmente los sectores más propensos a sufrir esos conflictos? ¿Inmigrantes, clase obrera, diversidades sexuales?

–Todas esas personas están ciertamente tocadas por esto. Pero estos conflictos son vividos con mayor dificultad cuanto más se los viva de manera aislada y solitaria. Por ejemplo, cuando toda la familia emigra y está confrontada al mismo problema, las solidaridades familiares hacen que uno se sienta menos tomado por un conflicto interior y que uno entienda que lo que le pasa tiene que ver con cuestiones sociales y económicas que están en juego y que producen ese malestar que uno puede estar sintiendo. Lo mismo pasa cuando uno cambia de clase social, si es el único o si es toda. En las minorías sexuales ocurre que por lo general la persona se siente única en su especie, por eso es importante que estas personas puedan entender y unirse con gente que tiene los mismos problemas. Es por eso que nosotros en los grupos de implicación e investigación privilegiamos el trabajo grupal, para que se den cuenta que no son sólo ellos los que están confrontados a este tipo de conflictos.

–Si el destino es lo que heredamos de nuestra familia y de la historia social, ¿cómo construimos nuestro futuro? ¿Cómo superamos las contradicciones que implican los cambios?

–Es por eso que Sartre es interesante y el trabajo clínico es interesante. Si bien no podemos cambiar la historia, sí podemos modificar nuestra relación con la historia. Es decir, la manera en que la historia actúa en nosotros. Y ése es el tipo de trabajo que la clínica sociológica permite acompañar. Es una clínica de la historicidad: significa que los conflictos del presente están condicionados por las contradicciones no resueltas del pasado. Entonces trabajar sobre la propia historia quiere decir entender cómo los conflictos del presente están condicionados, a fin de poder imaginar un futuro y entonces construir ese futuro, saliendo del riesgo de repetir indefinidamente los mismos conflictos.

–¿Qué pasa cuando los hijos sienten que tienen que cumplir con el mandato familiar, seguir la carrera del padre o hacerse cargo de la empresa familiar?

–Hay dos aspectos, uno es la cuestión subjetiva del proyecto parental. ¿En qué les gustaría a mis padres que yo me convierta? Y está la dimensión objetiva de la herencia. Por ejemplo, cuando uno hereda una empresa o una casa familiar. Entonces hay que tratar los aspectos subjetivos y objetivos, articulados uno sobre otro. Sobre el plano subjetivo es importante ver hasta qué punto tiene fuerza el proyecto parental en uno mismo, en la medida en que tiene raíces muy profundas en la construcción del ideal del yo, por ejemplo. (El ideal del yo es la idea que defiende Freud, cuando dice a qué ideal tengo que responder para poder ser amado; entonces el niño internaliza las proyecciones de sus padres sobre él, todas sus aspiraciones narcisistas, las esperanzas que ellos no pudieron realizar y le piden al niño que realice esas promesas, que satisfaga sus deseos narcisistas.) Ese es el aspecto más psicológico: como dice Freud, el ideal del yo se construye en el cruce entre las aspiraciones narcisistas y los ideales de la sociedad, ideales de éxito, por ejemplo; hoy por hoy, todos los padres sueñan con que sus hijos sean Maradona, o campeones de tenis, o el papa Francisco. Ese es el proyecto parental; y el otro es el aspecto objetivo de la herencia que uno recibe.

–¿Y qué pasa con las herencias?

–La herencia genera herederos. Entonces la cuestión es cómo una de las contradicciones fundamentales en las que nos encontramos es ser al mismo tiempo herederos leales con relación a la tradición, y al mismo tiempo construirnos como sujetos autónomos libres y entonces liberarse de esa herencia. El tema es qué compromisos uno logra establecer entre esos aspectos. Algunos se encierran completamente en la posición de herederos y no llegan a construir una identidad diferente a la heredada. Y otros piensan que la libertad es romper por completo con la herencia y la transmisión. En realidad, yo creo que esas dos posiciones extremas son un intento desesperado de liberarse. La identidad adquirida es por un lado la identidad heredada y, por otro lado, lo que Paul Ricoeur llama la “identidad narrativa”, es decir, construirse como un sujeto y conquistar una autonomía con relación a lo heredado. La tensión entre las dos es interesante.

–Más allá de la lucha de clases, usted dice que en estos momentos hay una “lucha por lugares”, algo por lo que las personas se ven exigidas a construir su propio empleo. ¿Cada persona está “condenada a realizarse”?

–Efectivamente una de las hipótesis es que, hoy por hoy, la lucha por los lugares viene a sustituir la lucha de clases. La idea es que, hasta fines del siglo XX, la identidad heredada era el determinante esencial del destino de las personas. Es decir, los hijos de obreros eran obreros, los de campesinos eran campesinos y sus hijos serían a su vez campesinos. Y así. Entonces la reproducción social era la ley. Hoy en día, la movilidad social se ha convertido más en la ley. Por razones objetivas, hace un siglo más del 50 por ciento de la población activa en Francia era campesina; hoy no son más que el 3 por ciento. Un 35 por ciento era obrero y hoy queda de un 10 a un 15 por ciento. Y las clases sociales están explotando, la clase de los campesinos ya no es una verdadera clase social. La lucha por los lugares significa que cada individuo es remitido a sí mismo para tener una existencia social. Cuenta sólo consigo mismo. Es un fenómeno mundial. Es el individualismo, la ideología de la realización de sí mismo, y también es la ideología de la gestión que se desarrolló mucho con el neoliberalismo, que dice que cada individuo es el empresario o emprendedor de su propia vida. El yo de cada individuo es un capital que la persona tiene que fructificar, desarrollar. Entonces, la posición social ya no dependería tanto de lo que heredan sino de su capacidad, de su voluntad. Esa es la lucha de los lugares, la lucha que cada individuo tiene que realizar para tener una existencia social.

–¿Qué consecuencias tiene?

–En esa lucha se encuentra en competencia con los demás, evidentemente, lo que al mismo tiempo es una emulación y una alienación, pero sobre todo produce mucha tensión psicológica, ya que el individuo internaliza la idea de que si no tiene éxito es porque él mismo no sirve o es malo, es inútil, no está bien formado o está demasiado capacitado. Es una de las razones por las cuales aparecen los trastornos psicológicos, las enfermedades narcisistas o las tensiones en el trabajo como el estrés o el burn-out. Todos esos síntomas están ligados a esa lucha por los lugares.

–¿Cuáles son los costos de la excelencia y de la exclusión en las sociedades actuales? ¿Podemos decir que la desigualdad provoca el estrés y la vergüenza, más que los componentes personales?

–Hemos visto desarrollarse en las empresas, pero también en los colegios, las consecuencias de estas luchas por los lugares. Por un lado, la lucha por la excelencia para tener los mejores lugares en las empresas y en la sociedad, en la política, lo que se traduce en una competencia encarnizada. Por otra parte, las consecuencias por el lado de la exclusión, porque la excelencia produce exclusión. La excelencia es salir por encima. La exclusión es salir por abajo. Pero de alguna manera es la misma raíz y hay una contradicción fundamental que está ligada a esa exigencia de excelencia. Ser excelente es ser fuera de lo común. Si todo el mundo está fuera de lo común, ¿en qué se transforma el mundo común? Ahora bien, el mundo común, según Hannah Arendt, es construir la convivencia, el estar juntos de la sociedad. Por eso la búsqueda de la excelencia es destructiva para la sociedad.


Silvia Bleichmar. Etica



https://www.pagina12.com.ar/diario/psicologia/9-304818-2016-07-21.html



ADELANTO EXCLUSIVO DEL LIBRO DE SILVIA BLEICHMAR VERGÜENZA, CULPA Y PUDOR. RELACIONES ENTRE LA PSICOPATOLOGIA, LA ETICA Y LA SEXUALIDAD

Realidad exterior y realidad interior

La Editorial Paidós publica en estos días los seminarios realizados por la prestigiosa psicoanalista argentina fallecida en 2007, en los que toma como eje de su planteo la importancia de la culpa en la constitución subjetiva y sus consecuencias en las decisiones éticas de la práctica psicoanalítica.
 Por Silvia Bleichmar *

Para la clase de hoy me pareció importante que revisemos el concepto de realidad y después volvamos a Winnicott con el objeto transicional, porque yo me voy encontrando, a medida que lo trabajo, que es posiblemente el autor psicoanalítico que más ha buscado respuestas. Tal vez sea la suya, la primera respuesta desde el interior del psicoanálisis inglés, de hacer un sistema terciario en relación al sujeto y la realidad y una zona de intermediación. El valor del concepto de fenómeno transicional me parece que está dado por esta cuestión de una intermediación entre la realidad interior y la realidad exterior. Esto intenta resolver un problema que es el que se han planteado muchos pensadores, no al nivel de Winnicott, sobre qué pasa con las relaciones entre la realidad interior y la realidad exterior. Y uno de los problemas que tiene este pensamiento es que a partir de que se constituye en el marco de una subjetividad de partida, el problema está siempre en la constitución de la realidad exterior como un producto, con lo cual me parece que hay que trabajarlo finamente para poder encontrar los nexos que nos permitan entender el campo de la ilusión.
Yo estuve revisando mi propio texto, se llama “Las formas de la realidad” en el libro La subjetividad en riesgo1, porque me parece que articula dos o tres ideas que pueden ser útiles para el trabajo sobre este concepto. Precisamente porque la cuestión de la realidad está constantemente planteando preguntas en psicoanálisis. Ustedes deben saber de la conceptualización de algunos colegas que consideran a la realidad como una cuarta instancia, inclusive apoyándose en parte en el texto de Freud Esquema del psicoanálisis2. Mi opinión es que esto plantearía varios problemas: de qué estatuto se trataría y, además, qué estatuto representacional cumpliría la realidad como cuarta instancia. Y, si la realidad se incluye como una cuarta instancia, de qué manera operan las otras tres. Por eso me parece que sería importante volver a definir la función de la realidad en cada una de las instancias. Para eso es que yo retomé esto. Porque, precisamente, el problema de la realidad con el aparato psíquico es que, en primer lugar, la realidad o principio de realidad de que habla Freud no es la relación con lo real sino algo que tiene que ver con la realidad como un constructo. ¿Qué quiero decir con esto? Que Freud no diferencia entre lo real y la realidad, porque si bien él tiene a su alcance la conceptualización alemana que permitiría –y la utiliza en sus textos– establecer esta diferencia entre das Ding y die Sache, que después Lacan retoma, vale decir entre la cosa en sí y la cosa para el sujeto, o la cosa significable, o la cosa capturable de la representación, al mismo tiempo son muy pocos los lugares de la obra donde lo encontramos. Uno de los pocos lugares donde aparece es en el Proyecto3, por eso yo me he apoyado ahí, donde Freud hace una diferencia entre realidad y realidad psíquica. Y concibe a la realidad –no es la realidad tampoco, es la realidad del objeto– como aquello que escapa al reencuentro. Es decir, aquello que se reencuentra es lo cognoscido; lo incognoscible, que ni siquiera puede ser capturado, es del orden de una realidad que es la otra cara que queda siempre sin significar.

La realidad exterior no es un campo homogéneo, sino de complejidad y diversidad

Bueno, entonces yo voy a empezar por diferenciar, sin atenerme al registro de Lacan, sino en relación a cada una de las instancias. La primera cuestión que plantea es ubicar la realidad exterior no como campo homogéneo sino en toda su complejidad y diversidad. ¿Por qué? Porque cada vez que se habla de tomar en cuenta la realidad habría que definir de qué estamos hablando. ¿Estamos hablando de tomar en cuenta la realidad libidinal, estamos hablando de tomar en cuenta la realidad traumática, estamos tratando de tomar en cuenta la realidad histórica, estamos tratando de tomar en cuenta la realidad social? ¿De qué hablamos cuando decimos tomar en cuenta la realidad? Y lo primero que hay que hacer es fracturar esta idea de una realidad única para un aparato que sería homogéneo, porque el problema del aparato es que no es homogéneo. En la medida en que no es homogéneo, la realidad no puede ser única para el aparato. No es que haya múltiples realidades porque haya múltiples seres humanos. Eso tampoco es así, no es de ahí que estoy partiendo. Estoy partiendo de la idea de que no es lo mismo la realidad para el yo que para el inconsciente o para el superyó, son las instancias con las que voy a tener que diferenciar.
Ustedes saben que Freud plantea, en el modelo del Proyecto, una realidad exterior que es continua, o una continua realidad, pensando en términos, por ejemplo, que después toman las teorías de las catástrofes.
Es una realidad donde no hay saliencia, la realidad en este caso sería algo del orden de lo exterior pero que no tiene saliencias. Vale decir, que se muestra como una suerte de continuo, mientras que desde esa realidad exterior que es un continuo, parten estímulos discontinuos y estos estímulos discontinuos son los que devienen excitación. Con lo cual no es toda la realidad lo que va a tomar en cuenta Freud, sino lo que esa realidad es capaz de incidir en el aparato. Esto me parece que es importante porque abre precisamente la cuestión de lo traumático y de la significación, qué es lo que uno releva cuando tiene que hablar de la realidad para un sujeto psíquico. Es decir, desde dónde un analista puede definir qué es lo real que, de alguna manera, se está jugando o evitando en el discurso. ¿Tiene que ver con lo que uno piensa que es la realidad? ¿Tiene que ver con lo que en otros momentos del discurso ha aparecido como algo significativo para el sujeto? Yo vuelvo acá a lo mismo que planteo respecto a las simbolizaciones de transición. No se puede sino apelar a los discursos emitidos, o al menos a los que sincrónicamente aparecen en la realidad en la que el sujeto está inmerso. Si el sujeto viene como si nada, hoy cuando hay anunciado un huracán, supongamos –yo tengo muy presente lo de los huracanes en este momento por lo del Katrina–, quiero decir que si un paciente llega en medio de un bombardeo permanente de la radio, la televisión y la gente que lo rodea sobre el huracán que se avecina y no habla del huracán, uno podría decir que hay algo que está elidido de la realidad, en la medida en que hay que hacer realmente un esfuerzo para no tenerla en cuenta, sobre todo si hay algo de lo que él está trayendo que intenta de alguna manera escotomizar esa realidad. Lo cual no quiere decir que uno tenga que imponer todas las formas de la realidad que aparecen, pero digamos que yo operaría, para pensar el concepto de realidad en términos de aquello que no ingresa en el discurso analítico, en los discursos previos traídos o en los modos con los cuales la realidad actual aparece bombardeando con información que el sujeto no parece reconocer. Me parece que esta sería la manera de acercar algún orden de realidad cuando está elidida del discurso presente. Pero de todos modos, entonces, se trata de estímulos discontinuos para el aparato. No se trata de la continuidad de la realidad exterior en el espacio interior sino de aquello que precisamente rompe la pregnancia de la vida cotidiana del sujeto.

La realidad exterior no sólo incide en el sujeto, sino que lo constituye

El segundo aspecto es la realidad exterior considerada no solo como que incide sino que constituye al sujeto, esta es otra cuestión, en razón de que introduce modos de permanente desequilibrio y termina en un trabajo de ligazón y evacuación. Como se darán cuenta, estoy pensando en algo que tiene que ver no solamente con un sujeto que se enfrenta a la realidad, sino en un sujeto en el cual la realidad permanentemente instituye formas de procesamiento de aquello que le llega de afuera. Y de los cuales, si uno piensa entre unos y otros motivos, habría que tener en cuenta dos elementos fundamentales de la realidad que son el cuerpo y el otro humano. Cuando digo el otro humano me refiero a lo siguiente: a tener en cuenta en qué etapa de la vida o en qué etapa de la constitución psíquica de un niño, por ejemplo, o en qué etapa de la constitución psíquica adulta, ha incidido un acontecimiento relatado por él o por la familia en el caso de los niños. Vale decir, ¿cuál sería el acontecimiento de lo real que entraría en el psiquismo que no es toda la realidad? Yo he dicho muchas veces que si un papá tiene una relación paralela, extramatrimonial, en el primer año de vida del niño, lo que hay que tener en cuenta es la incidencia emocional angustiante que puede provenir del lado de la madre como exceso durante esa primera etapa, y no la significación moral que tiene que el padre no cumpla la propuesta edípica de quedarse con la madre para ceder el resto de las mujeres. Eso sí podría ser algo traumático a los 6-7 años cuando el niño ha hecho toda una renuncia y entonces se ve confrontado al incumplimiento de la promesa de cesión edípica que el padre debería hacer, porque en realidad que el padre se apropie de otras mujeres es como una traición de la promesa edípica de que se queda con la madre, pero le da el resto a él. En el caso de un padre que tiene relaciones paralelas, o madres que tienen relaciones paralelas, uno podría pensar que es eso lo que más perturba al niño, el hecho de que se ha fracturado la promesa edípica. Pero al mismo tiempo, en el primer año de vida, ustedes saben que si el padre se queda sin trabajo, es la angustia de la madre lo que es traumático para el niño y no que le pongan un pañal de mejor o peor calidad. Lo digo porque, a veces, cuando las mamás se separan, piensan que cuando los maridos las dejan, lo traumático es que ahora no van a poder darle el estilo de vida que tenía antes y, entonces, es patético, “lo mal que está el nene porque ahora no puede ir a Disney”. Pero lo que quiero decir con esto es que hay que tener en cuenta qué tipo de realidad es la que es capaz de incidir en cada momento y bajo qué formas. Y esto alude a la realidad libidinal, que quiere decir realidad que determina significaciones en las cuales quedan implicados el sujeto y el objeto. Entonces vuelvo a los dos tipos de cuestiones, una realidad exterior que se manifiesta en forma discontinua por la fractura, más, surge una idea que es la siguiente: el silencio que hay en el campo antes de una tormenta, que es muy llamativo porque los pajaritos dejan de cantar y los animales dejan de hacer ruido, ese cese de ruido toma un carácter traumático para el conocedor, una saliencia frente a la pregnancia del sonido. Lo mismo ocurriría si nos quedáramos sin combustible y la ciudad dejara de tener ruido. No necesariamente una pregnancia es un exceso de algo sino que puede ser precisamente la falta de un elemento que marca que el exceso puede producirse, yo les diría que es como la ausencia de la madre ante la angustia del desborde de un requerimiento libidinal. Lo que angustia es que si el objeto no está, el sujeto queda librado a sus propias posibilidades de sobrevivir. Si nosotros cuando –yo no sé si a ustedes les pasó– en 2001-2002, con la crisis brutal que teníamos, para mí el ruido de un edificio en construcción cerca de mi casa, era no traumático sino todo lo contrario, yo lo sentía como un ruido agradable, porque el silencio era muy preocupante porque significaba toda la parálisis laboral del país. Con lo cual, mientras todo el mundo me preguntaba cómo aguantaba ese ruido, yo lo vivía como placentero.
Entonces vuelvo, realidad libidinal quiere decir significada por el sujeto en términos de algo que afecta de alguna manera su forma de posicionarse frente al objeto y ante sí mismo. Por un lado la forma con la que Freud alude a lo continuo y lo discontinuo y, por otra parte, al carácter desequilibrante de lo traumático y, al mismo tiempo, la producción de enriquecimiento que impone. Si el sujeto no está sometido a modalidades cambiantes de situaciones traumáticas, queda como una suerte de achanchamiento, digamos, de una paz poco productiva. Otra cuestión: realidad exterior que opera bajo dos formas, una que es significada o significable. Es decir, no solamente significada sino significable, vale decir que aunque no sepamos qué es, la podemos cercar de algún modo, realidad que es no significada, no capturable, exterior a la subjetividad y que solo el discurso producido permite su captura. Esto es muy interesante porque la realidad no significable es del orden de lo traumático. Precisamente, lo traumático está en el borde entre lo significable y lo no significable. Lo que escapa a lo traumático es lo no significable, pero si no hubiera un orden de significación que bordea a lo traumático no sería traumático. Es precisamente el hecho de estar en el borde lo que constituye lo traumático. El caso de los psicóticos, como lo he visto en México en el terremoto4, que no lo registraron.

Relación de las instancias psíquicas con la realidad

El segundo punto: una vez ubicada esta diferenciación entre realidad exterior que incide, realidad exterior que instituye o constituye, realidad exterior significable, realidad exterior no significable, el otro punto es la relación de cada instancia con la realidad.
La relación del inconsciente con la realidad es el primer punto que me parece importante. Relación con la realidad en los primeros tiempos de la vida, cuando uno podría decir que no está hablando del inconsciente, sino del psiquismo en sentido extenso, de primeras representaciones, de primeros equilibrios y desequilibrios de fuerzas, inscripciones y transcripciones antes del ordenamiento entre inconsciente y preconsciente, como realidad productiva. Ensamblaje entre la realidad exterior del cuerpo y la del otro humano que, con su operatoria en la resolución de la necesidad, genera las condiciones del propio placer que da origen al campo representacional. Vale decir, el problema no es la relación con la realidad exterior, sino con un tipo de realidad que produce el pasaje de la naturaleza al sujeto, en sentido estricto. Y no voy a decir de la naturaleza a la cultura, porque acá de lo que se trata no es del pasaje a la cultura en general, sino del sujeto libidinal, que inclusive puede no ser socializable. Si uno dice, pasaje de naturaleza a cultura, da por sentado que el sujeto que se produce es un sujeto de cultura. No, es un sujeto efecto de la intervención de la cultura pero no es un sujeto de cultura todavía, porque la cantidad de niños que han sido libidinizados pero no subjetivados da cuenta de que ahí no hay pasaje de la naturaleza a la cultura, sino un aspecto de cultura que no permite la inclusión en la cultura ni una subjetivación organizante. Pero digamos que en los primeros tiempos, entonces, la relación con lo externo de la realidad está dada por la función libidinizante de la realidad, no está dada por ningún otro tipo de estímulo. Ustedes pongan a un chico a hacer reacciones circulares y no lo toquen y van a sacar un cobayo, no un niño. Entonces, lo que me importa es que se trata de una realidad privilegiada que es la realidad libidinal. Esto es importante para cuando debatimos el problema de la estimulación precoz. ¿Qué quiere decir estimulación precoz? Las técnicas cognitivistas, por supuesto, y todo lo que se plantea respecto a los procesos de subjetivación y desubjetivación en los primeros tiempos de la vida, donde el problema del objeto como objeto de la realidad exterior constituyente tiene que ver con la producción desequilibrante de la libido respecto de la naturaleza y no con cualquier tipo de realidad. Entonces más allá de que sea muy interesante la estimulación que se produce en la primera infancia con los bebés y que los demás ejercen, que es indudablemente una estimulación guiada por algo del orden narcisístico, vale decir deseo de tener un bebé inteligente, despierto y demás, lo que lo vuelve loco no es el exceso de estímulo, sino en algunos casos que esa estimulación no esté dada en el marco de una excitación libidinal, que esté dado al modo del entrenamiento de un cobayo. Lo que vuelve loco a un chico no es el exceso de estimulación sino la ausencia de estimulación específica, la falta de reconocimiento. Entonces uno lo puede poner a hacer todos los colores, a hacer todas las boludeces que ustedes quieran en los primeros tiempos, sacar todos los trapitos, todas esas huevadas que son del orden de la cultura, que están bien siempre y cuando haya un adulto que lo haga amorosamente, si no, no sirve para nada.
Entonces vuelvo a la realidad necesaria en estos primeros tiempos que es la realidad libidinal y no cualquier realidad. Entonces, que el padre se quede sin trabajo, que la madre sea jefa de hogar o no sea jefa de hogar, lo que nos interesa de esto es la forma en que esto incide en la subjetividad parental para producir modos de libidinización. Si la madre está deprimida, si el padre no está bien por algo que le ocurre, esto va a incidir en los modos libidinales con que se vincule y hay que encontrar, de la manera más cercana a lo real, el modo con el cual esto se inscribe. Además, tener en cuenta que eso que se inscribe no tiene que ver con la representación social que el adulto tiene de aquello que le está ocurriendo. No es porque el papá se quedó sin trabajo que el niño se deprimió en los primeros tiempos de la vida, o porque la mamá tenía a su abuelita enferma: la abuelita estaba enferma, la mamá estaba deprimida, entonces no tenía libido disponible, erógena, para libidinizar al bebé, con lo cual no es que el bebé tuvo un duelo precoz porque la madre estaba preocupada por la abuelita. Quiero decir con esto que tengamos en cuenta las formas específicas del real incidente en los primeros tiempos de la vida para que podamos pensar de una manera que sea lo más cercana a la realidad libidinal del bebé y a la realidad representacional.(...)
* Clase del 26 de septiembre de 2005.
1. S. Bleichmar, La subjetividad en riesgo, Buenos Aires, Topía, 2005
2. S. Freud, Esquema del psicoanálisis, en Obras completas, vol. XXIII, Buenos Aires, Amorrortu, 1978.
3. S. Freud, Proyecto de psicología, ob. cit.
4. Se refiere al terremoto acontecido en México, el 16 de septiembre de 1985, de una intensidad de 8,5 en la escala de Richter. El libro de Silvia Bleichmar, Psicoanálisis extramuros. Puesta a prueba frente a lo traumático, Buenos Aires, Entreideas, 2011, da cuenta del trabajo realizado por la autora en aquellas circunstancias.


HALLAZGOS POSTUMOS DE SILVIA BLEICHMAR

Amor, erotismo, vergüenza y pudor

Silvia Bleichmar –en un seminario cuyas clases fueron recientemente publicadas– habla de lo amoroso y de lo erótico; de cómo la ida y vuelta entre homosexualidad y heterosexualidad es más frecuente en las mujeres que en los hombres; habla de cómo los transexuales rechazan la homosexualidad; habla de las “elecciones sufrientes”, de la vergüenza, el pudor y el goce.
 Por Silvia Bleichmar *
En un ser humano puede instalarse lo sexual sin lo amoroso, pero es imposible que se instale lo amoroso si no se ha instalado lo sexual. Es decir, si no se ha instalado alguna forma de anclaje en el objeto que después pueda tomar un camino desexualizado o sublimado en relación con el amor. El otro problema de lo amoroso en psicoanálisis es la superposición permanente entre el amor, en el sentido amplio, como relación simbólica oblativa hacia el objeto –en el sentido de toma en consideración del objeto– y la relación erótica. Más aún, no sólo están superpuestos sino, en algunos casos, confundidos. En muchos momentos Freud habla de amor a un objeto cuando se trata de erotización del objeto. Incluso en el caso Hans (“Juanito”), habla del amor al padre cuando lo que hay es una corriente erótica hacia el padre. La corriente erótica hacia el padre no es precisamente la que produce los mejores sentimientos hacia el objeto. Amor y erotismo son dos corrientes distintas de la vida psíquica, que pueden o no entrar en confluencia pero que, en última instancia, no pueden ser superpuestas, aun cuando puedan reunirse en la relación de objeto.

Ir y volver

En las mujeres a veces aparece, como un efecto de la frustración libidinal con el hombre, el volcarse a otra mujer. He visto una paciente seducida por otra mujer en una crisis de angustia máxima: ella, que había sido siempre heterosexual, en su soledad estaba muy capturada por la posibilidad de una relación amorosa muy intensa y de mucha garantía como la que esa mujer le ofrecía. En el caso de los hombres, nunca vi esto. Los hombres que he visto asumirse como homosexuales lograron hacer un coming out o decidieron que ya no podían seguir sosteniendo una doble vida. No he visto ningún hombre que pase de la heterosexualidad a la homosexualidad. Ese tránsito nunca lo he visto en un hombre; lo he visto en mujeres, y es más, he visto ir y volver. He visto mujeres tener hijos y después hacerse homosexuales, o al revés. Una paciente que atendí en México, homosexual, que estuvo en pareja lésbica muchos años, cuando llegó a la menopausia me dijo: “Creo que ahora podría tener una relación con un hombre. Me dio horror toda la vida pensar que podía llevar algo en mi vientre que fuera extraño”. En una cultura como aquélla, donde pareja y maternidad estaban totalmente soldadas, la homosexualidad era para ella una garantía frente a la angustia de embarazo.
Pero en los hombres, cuando aparece que “se hizo homosexual”, en realidad es una asunción de algo previo, que ya venía organizándose. Son en general casos en los que el hombre se ha rehusado a sí mismo durante años el derecho a un deseo que de repente asume. Entonces, no hay tránsito. Sí en la mujer. En la mujer lo he visto mucho. Incluso en pacientes no homosexuales, episodios de homosexualidad, sobre todo en mujeres que han pasado por situaciones de colegios o por angustias extremas de soledad. De niñas se han sentido muy abandonadas o muy solas y establecieron con otra niña una relación materna. Y en esa relación materna la erogeneidad ocupa un lugar muy importante, porque, en última instancia, la relación con el cuerpo materno es erógena, mientras que la relación con el padre es simbólica.

Elección sufriente

Una paciente, de 23 años, se cuestiona lo que cree su posesividad con el objeto. Es una chica que requiere muchos reaseguros del objeto, ya que siente que le fallaron en la primera infancia. Hemos ido viendo de qué manera se produjo esto. Ella requiere muchas garantías pero establece una relación con un fóbico que constantemente elude la posibilidad del compromiso y la garantía. Yo le digo: “El problema es que ustedes tienen aspectos neuróticos incompatibles, porque él es un fóbico y vos querés alguien que te dé garantías. Pero como venís fijada a la idea de que quien te dé garantías debe ser alguien que alguna vez no te las dio, para lograr modificarlo, entonces estás adherida a una relación con alguien que parece que no te las puede dar”. Hay una forma de enlace con un objeto que no da garantías: que tiene un elemento de repetición, relacionado con buscar en un objeto algo que no se logró con el objeto originario. Y éste es, diría, el nudo de las elecciones neuróticas. Una elección sufriente en la cual el sujeto no renuncia a modificar algo del pasado en el objeto presente o futuro.

Virilizar

Freud plantea que los homosexuales hombres han experimentado una fijación particularmente fuerte a la madre, idea que Lacan se dedicó a ubicar como central en la homosexualidad, ligando esto al concepto de madre fálica. Desde mi punto de vista, no es así en modo alguno. He hablado muchas veces sobre casos de homosexuales que detestan a sus madres: parte de su conflicto con las mujeres tiene que ver con la imposibilidad de establecer una relación menos brutal y menos terrible con la madre. La teoría lacaniana se ha sostenido en la idea de que la homosexualidad masculina es el efecto de una captura por una relación amorosa idealizada con la madre. No es así. Hay casos donde esto se da, pero no en todos. Hemos visto cantidad de casos de jóvenes homosexuales que van a la búsqueda de un padre protector o de una relación con un hombre que los termine de virilizar. La idea de que es la idealización y el amor por la madre lo que conduce a la homosexualidad masculina me parece estrecha e insostenible. Además, cierra las posibilidades de pensar, realmente, sobre la constitución de la sexualidad masculina.

No homosexual

El sujeto o la persona que se plantea la transexualidad establece las mismas premisas que cualquier heterosexual. Lo interesante del transexualismo es en general la renuncia a aquello que se vincula con el sexo biológico de partida, y la represión de todo lo que podría ser homosexual. Por ejemplo, un chico que se ha convertido en mujer o que quiere ser mujer siente que su deseo por una mujer es del orden de lo prohibido; lo que quiere es enamorarse de un hombre. La pregunta es si esto corresponde al orden de la heterosexualidad o de la homosexualidad. Desde el punto de vista biológico, es homosexual. Desde el punto de vista psíquico, es heterosexual. Va a reprimir entonces todo lo que lo lleve a desear aspectos de una mujer; y no quiere armar pareja con otra mujer transexual, quiere armar pareja con un varón.
Entonces, si uno lo mira del lado de la biología, hay homosexualidad; pero del lado de la constitución psicosexual, hay heterosexualidad, en la medida en que el sujeto es una mujer, una vez que se ha constituido, y renuncia a todo lo que se relaciona con la homosexualidad. Por eso nunca podría enamorarse de otra mujer.

Nene travesti

¿Qué ocurre cuando tenemos consultas por travestismo o transexualismo en niños pequeños? La pregunta es: qué estructura de base hay y en qué momento de la constitución psíquica está el niño. Porque esto va a determinar la operatoria a realizar, la dirección del proceso. Recuerdo un niño sobre el que me consultaron porque tenía una profunda fascinación por su madre y hermanas y tendía a vestirse de mujer, se ponía la ropa de las hermanas y demás. Cuando me consultan, yo propongo un tratamiento para el niño porque pienso que hay una falla en cómo se ha producido la organización narcisística. Los padres me ofrecen venir ellos al tratamiento en lugar de traer al niño. En realidad, bajo este modo de ofrecerse ellos me sustraen al niño, con el argumento de modificar algo a través de ellos. En realidad se trata de un engaño, porque resulta una repetición de la imposibilidad de la madre de ceder a este niño. Les propuse hacer una entrevista para modificar esta idea: les dije entonces que creía que no habría posibilidad de transformación si no se hacía el tratamiento en el niño. Poco después, los padres vienen muy contentos porque el niño ahora hace todo lo que hace el padre. Juega tenis con el padre, se afeita igual que el padre. Lo que hace es una impronta mimética del padre, que vuelve a representar, en superficie, lo mismo que la identificación primaria fallida con la madre. La necesidad de ponerse la ropa femenina es sustituida por una mímesis de las acciones del padre y no por una verdadera identificación: la estructura no se modifica.

Dios con papá

En un debate entre una señora y su pequeño hijo sobre la existencia o no de Dios, cuando ya la madre tuvo que apelar al argumento positivista para explicar al niño que Dios no existe, le dijo: “¿Alguien alguna vez lo vio?”. El niño le contestó: “No, porque vive en Chile con el papá”. Esta respuesta indica que el recurso a la percepción no funciona y que en el orden de la creencia la percepción nunca ha sido garantía de nada. ¿Conocen el chiste del señor que echa spray para ahuyentar elefantes y le dicen “estás loco, si acá no hay ningún elefante” y él contesta “claro, porque yo echo spray todos los días”? Alguien nos decía de un paciente que estaba medicado con antipsicóticos pero agregó: “Yo no sé por qué está tan medicado con antipsicóticos si no está psicótico”. Claro, no está psicótico porque toma antipsicóticos: el problema es si uno les está dando spray a los elefantes imaginarios o si realmente hay elefantes. Esto constituye un debate, que en el caso del paciente psicótico es muy simple: el día que le saquen los antipsicóticos y se brote, va a quedar claro que no era que no estaba psicótico. Pero no hay por qué pagar costos tan altos. Para eso está el pensamiento científico: para detectar, como decía Bachelard, aquello que no es del orden de la percepción o de la evidencia inmediata. El proceso de conocimiento ha sido construido contra la evidencia inmediata y no por la evidencia inmediata. El ejemplo que hemos estudiado de chiquitos sobre la rotación solar y la deconstrucción de la idea de que es el Sol el que gira, se vincula con la deconstrucción de la percepción como fuente misma del conocimiento.

Formas de goce

Atiendo a un joven con una serie de dificultades con su sexualidad y déficit en la constitución del superyó, por una falla en la identificación paterna, una ausencia de padre, no desde el punto de vista factual sino desde el punto de vista de inscripción; una captura por las mujeres de la familia que lo llevó a plantearse cuestiones muy angustiosas respecto de su identidad sexual. Es un muchacho muy limitado en sus intercambios con el mundo, goza de muy poca libertad para sus intercambios sociales. Vive acuciado por la angustia de que se detecten sus fantasmas homosexuales o sus dificultades con el otro. Esto lo limita enormemente en sus relaciones sociales y con amigos y compañeros. El siente atracción por las mujeres, pero con mucha dificultad en el encuentro genital. En el último tiempo tuvo relaciones con una chica que le gusta mucho pero no ha podido tener orgasmo y eyacular en el interior de ella. Pudo hacerlo pero externamente, sobre los pechos de la mujer. Aparece una fijeza, una forma de goce que tiende a coagularse. Y él se plantea por qué esta forma sería peor que otras: “Bueno, hay mujeres a las que les gusta”, me dice. Le digo: “Sí, supongamos que es así, pero es un porcentaje pequeño. Lo que vos me estás diciendo es que tenés que restringir tu vida sexual a una forma que te limita totalmente en tus posibilidades de elección, porque tenés que elegir una compañera, no por lo que ella representa para vos como persona, sino por lo que ella pueda aceptar de una forma de goce que a vos se te impone por tus propias dificultades”. Le explico a mi paciente que él no puede ir por la vida buscando una mujer a la que le guste que le eyaculen en los pechos; tiene que buscar una mujer que le guste a él, y después verá cómo encuentra una forma armoniosa de sentir placer con ella y ella con él. Pero la fijeza compulsiva cercena la posibilidad de elección, porque captura toda la vida psíquica alrededor de una forma de goce.

Patovicas

Si hay algo totalmente patético son los cuerpos perfectos de los “patovicas”, cuerpos para ser mirados. Ese cuerpo no puede ser empleado para ninguna otra función que no sea la de ser visto. Allí hay una renuncia a la relación erótica con el cuerpo por el placer de la imagen. Se ha hablado mucho de las histerias, pero no se habla de estas formas del narcisismo masculino que están hoy tan extendidas, incluyendo el uso de anabólicos para producir hinchazón, una forma espuria de completamiento del cuerpo, en este caso no con siliconas sino con drogas de ingesta.

Etapas

Hacia los cinco años ya sabemos si sorteamos el autismo o la psicosis simbiótica. A los 25 estamos más o menos salvados de la esquizofrenia, pero no de la paranoia. Después vienen los aneurismas y finalmente los delirios sistematizados. Entonces, cada vez que uno cumple una década se va salvando de algo. Finalmente vienen las demencias involutivas, pero ya uno no se da cuenta, lo que en definitiva es una bendición. Cada etapa de la vida tiene su karma.

Vergüenza y pudor

La vergüenza y el pudor son dos cosas distintas y se dan en tiempos distintos. En los primeros tiempos, los primeros sentimientos tienen que ver con el pudor, no con la vergüenza. Quiere decir que se relacionan muy directamente con la cuestión del cuerpo, donde el pudor está planteado en términos de lo no mostrable. En el pudor, generalmente algo está oculto de la mirada del otro. Si el cuerpo debe ser púdicamente velado a la mirada del otro, es porque en nuestra cultura su exhibición es convocatoria sexual, y en tanto tal impone la vergüenza por el fantasma del que da cuenta. La vergüenza ya es una forma intersubjetivada del pudor.Yo guardaría el concepto de pudor para lo que tiene que ver con la mostración del cuerpo y para lo que tiene que ver con la pulsión, “hacerse encima”, en fin.
En la película Alguien tiene que ceder, Diane Keaton ridiculiza a Jack Nicholson cuando él, internado por un presunto infarto, se muestra con la bata de internación con la cola al aire. Esto hace a la desubjetivación del cuerpo en la medicina: la forma en que el cuerpo queda expuesto, el sentimiento de pudor que esto produce.
Reservaría la idea de vergüenza para algo en que, por un lado, la mirada del otro está intrasubjetivada o forma parte de lo intrasubjetivo; y por otra parte concierne también a aspectos morales, relaciones, formas de legalidad, no sólo prohibiciones básicas. La vergüenza puede tener una cara en la problemática moral. Se puede sentir vergüenza de haber transgredido una ley, de haber hecho un acto incorrecto. Lo cual es distinto a sentir culpa por haber realizado ese acto. Hay culturas de la culpa y culturas de la vergüenza. Bajo la impronta judeocristiana, en Occidente hubo un predominio de la culpa sobre la vergüenza, pero en el neoliberalismo actual predomina la vergüenza sobre la culpa. El eje de la vergüenza aparece hoy como un eje central del sujeto.
Uno pregunta siempre por el manejo del pudor en los niños, sobre todo cuando tiene dudas de que esté bien constituido. Porque tiene que ver con la propiedad sobre el cuerpo. La apropiación del cuerpo se manifiesta en un velarlo a la mirada del otro. El pudor es la primera forma de apropiación del cuerpo. Esto marca no sólo la relación entre el cuerpo y el yo, sino además la función del pudor como momento de diferenciación con el otro: como momento, en la infancia, en el que el propio cuerpo ha dejado de ser propiedad de la madre.
En el caso de la vergüenza, puede ocurrir que un niño haga una acción indebida y no quiera ser visto por el otro. Ahí aparece la vergüenza. La misma acción puede llevar a la vergüenza o a la culpa, y es muy importante tener esto en cuenta, ya que la vergüenza es por amor del yo y la culpa es por amor del objeto. Supongamos que un chico no quiere mostrar una mala calificación. Puede ser para no ser regañado, puede ser para no sufrir un desmedro narcisístico. Y puede ser, también, para no producir un dolor al otro. No es lo mismo, aun cuando fenoménicamente sea la misma acción.
* Psicoanalista argentina fallecida en 2007. Texto extractado de Las teorías sexuales en psicoanálisis, póstumo, de reciente aparición, basado en seminarios dictados por la autora (ed. Paidós).


construcción del Estado y Genocidio

https://www.pagina12.com.ar/diario/dialogos/21-178560-2011-10-10.html


LA ANTROPOLOGA DIANA LENTON, A PROPOSITO DE UN NUEVO 12 DE OCTUBRE

“El Estado se construyó sobre un genocidio”

Integrante de la Red de Investigaciones en Genocidio y doctora en Antropología, Diana Lenton aporta pruebas del genocidio de los pueblos originarios. Campos de concentración, asesinatos masivos, fusilamientos y niños robados. Roca, el papel del Estado, la sociedad y los intelectuales.
 Por Darío Aranda

–¿Por qué afirma que el Estado argentino se funda sobre un genocidio?
–El Estado moderno constituye una forma de entender las relaciones entre Estado y sociedad, y construye todo un modo político de accionar, una normativa, instituciones que se fundan en el mismo momento que se realiza el genocidio. Y no lo relacionamos sólo porque es contemporáneo al genocidio sino porque esa estructura de Estado requirió que no hubiera más diversidad interna en el Estado. Se anulan los tratados con los indígenas, el Estado se garantizó que no iban a interferir en la constitución de ese Estado. Es lo que se llama genocidio constituyente, son genocidios que dan origen a un Estado.

–Existen sectores que aún niegan que haya sido un genocidio. ¿Qué pruebas dan cuenta de que sí lo fue?

–Las ciencias sociales no tienen un concepto analítico acabado. Desde el campo jurídico internacional sí, lo provee Naciones Unidades en 1948 para juzgar los crímenes del nazismo. Esa definición habla de distintos elementos. Es genocidio cuando se puede establecer la intencionalidad de destruir a un pueblo. Otra característica es impedir la reproducción de ese grupo y también el robo de niños, cuando son secuestrados y entregados a familias de grupos dominantes, y se les reemplaza los nombres, porque así se atenta contra la continuidad de ese pueblo porque se le roba la memoria.

–¿Qué hechos concretos hubo?

–Matanza de población civil. Algunos tienen la imagen de batallas al estilo romántico de un ejército contra otro. La característica de la campaña de Roca es que está principalmente dirigida a la población civil. Las memorias del comandante Prado dicen claramente que el ataque a las tolderías es para caerles encima a las mujeres y niños que quedaron cuando los hombres no estaban. Estaba planificado así para llevarse el botín, sobre todo el ganado, y las familias porque ésa era la operación que iba a llevar a los indios a rendirse. Son operaciones contra la población civil, donde mueren mujeres y niños, o eran enviados como mano de obra esclava para el trabajo doméstico urbano o para la agroindustria, caña de azúcar y viñedos. También se cumplen otros elementos de genocidio, el someter a la población a condiciones que acarreen daño en su subsistencia, que pueda provocar enfermedad o muerte, y eso implicaron los traslados de la población sometida a campos de concentración.

–Ustedes dan cuenta de que el diario La Nación lo llamó crímenes de lesa humanidad.

–Mitre decía que lo que hacía Rudecindo Roca, hermano de Julio Argentino, eran crímenes de lesa humanidad porque se fusilaban prisioneros desarmados y se tomaban prisioneros a mujeres y niños. Para un sector del espectro político no era lo correcto, incluso Mitre, que no era nene de pecho, que tuvo responsabilidad en la guerra del Paraguay con episodios espantosos, sin embargo estaba asombrado, no criticaba que se hiciera la Campaña, sí cuestiona que un gobierno estuviera minando su propia legitimidad al desoír lo que eran avances de la civilización.

–También hubo campos de concentración.

–Hubo campos de concentración en Valcheta, Martín García, Chichinales, Rincón del Medio, Malargüe, entre otros. Son todos lugares donde se encierran a las personas prisioneras sin destino fijo. La autoridad militar era la dueña de la vida y muerte de ellos. La idea era de depósito porque iban a ser distribuidos. Eran prisioneros y esclavos. Se recibían pedidos de Tucumán, ingenios, de Misiones, estancias. Llegaban como familias y se los separaba. Hay pruebas de la violencia, cartas entre curas y arzobispos. Había muerte por las condiciones a las que estaban sometidos, ahí está también el genocidio. Y también había suicidios por el trauma social al que estaban sometidos. Los padres sabían que les quitaban a sus hijos, lo veían y decidían matarse. O mujeres que se tiraban al agua con sus hijos. En Valcheta hay documentos donde se describe que no se les daba alimentos y morían de hambre.

–¿Qué documentos existen?

–Existe mucha documentación oficial para discutir la historia impuesta. Los archivos oficiales, Archivo General de la Nación, la Armada, los archivos de las provincias. Y archivos privados de personas, de militares que han escrito cartas. También documentos de la Iglesia: de ahí surgen datos de cientos de chicos destinados a Jujuy y Tucumán. Quedan claras las edades de servicio doméstico, chicos desde los 2 o 3 años y hasta los 8. Los adultos que eran destinados al cañaveral y morían con sus familias, eso también es parte del genocidio.

–¿Hay cifras?

–El Poder Ejecutivo decía para 1879 que se habían trasladado 10 mil prisioneros de lo que era la frontera, se estaba recién en la zona norte de Patagonia, para trabajar hacia el Norte y Mendoza, industrias, servicios doméstico y Martín García. Para 1883, un informe oficial ya dice que son 20 mil. En el Chaco son cifras mucho mayores.

–¿Por qué la campaña militar al Norte no es tan conocida?

–No ha habido una manera sistemática de presentar la historia y menos la historia de los pueblos indígenas. Nos han legado imágenes, hemos aprendido que el Estado o territorio actual se completa con Roca, y él estuvo en el Sur.

–Suele justificarse la violencia con que “hay que situarse en la época”, como si fueran normales esas campañas militares.

–Algunos senadores como Aristóbulo del Valle, quizá la voz más clara contra la Campaña, preguntaban cuáles habían sido los resultados de la campaña al Sur y se decía que esos territorios no están incorporados al trabajo. Era el momento que se estaba rifando territorio, como dijeron en esa época observadores militares, no era para los pioneros ni para los agricultores, como se había prometido, sino para latifundistas. Aristóbulo del Valle denunciaba que el hombre había sido esclavizado, la mujer prostituida, los niños utilizados para el trabajo esclavo. No había, decía, ni avance económico ni cívico. Incluso hubo oposición de sectores de las elites.

–Igual se realiza.

–Se hace y es un fracaso desde el punto de vista militar. Hacia 1884 lo que consigue el general Victorica, que estaba al frente como ministro de Guerra, es derrotar a los principales jefes, pero no consigue ocupar el territorio. Eso recién pasará hacia 1911. No consigue ocupar porque el Chaco estaba mucho más densamente poblado por pueblos indígenas y con una variedad de pueblos, de lenguas y culturas distintas.

–¿Fue igual de cruenta que la del Sur?

–Sí, no sólo fue igual sino que esa operativa de secuestrar chicos, atacar mujeres, se extendió hasta avanzado el siglo XX; aun hoy todas las comunidades tienen recuerdos de los chicos robados por el Ejército.

–¿Cifras?

–No las tenemos, estamos trabajando, pero las víctimas superan ampliamente las cifras de la Patagonia. Y hay otros sectores del país donde tampoco se sabe mucho.

–¿Por ejemplo?

–Cuyo y la Puna. Estamos comenzando a trabajar lo que fue la Campaña a la Puna, que se conoció como Campaña al Susques, que se da por terminada en 1874, con la batalla de Quera. Aparentemente lo que más hubo fueron fusilamientos masivos que acabaron con la resistencia, lo que se llamó la Pacificación de la Puna, fusilamientos masivos durante 1874 y 1875.

–En Cuyo hubo campos de concentración...

–Sí, por la campaña al sur de Mendoza y norte de Neuquén, donde tomaron gran cantidad de familias prisioneras, que fueron utilizadas en la industrias de la vendimia en lo que hoy es Malargüe. La persona que más sabe es Diego Escolar, que vive allá, tiene muy documentado y cuantificado no sólo los prisioneros sino también la cantidad de chicos que eran enviados solos a la vendimia para trabajar para siempre, no iban y venían.

–¿Roca es sólo un símbolo o el responsable?

–Roca fue responsable del genocidio. Tuvo posibilidades de otro tipo de política. Hay pruebas de que él se informó con un enviado de su confianza en Estados Unidos para ver cómo funcionaban las reservas. Y estudió también a los franceses en Argelia. Decidió el modelo francés porque decía que el modelo de reservas era muy costoso. Hubo campañas militares anteriores, pero la de Roca fue la más sistemática y que tuvo un objetivo más declaradamente genocida. Hay declaraciones de Roca sobre destruir hasta el último indígena. Su discurso de asunción de la presidencia festeja que no cruza un solo indio la pampa.

–Es conocida la postura de los intelectuales de la derecha sobre Roca y los pueblos originarios. ¿Y la mirada de los intelectuales de izquierda o progresistas?

–Hay cierto progresismo que se construyó sobre el paradigma que dio lugar al genocidio y a una noción de la Argentina sin indígenas. A gran parte de los intelectuales no les importan los pueblos originarios. Se ha construido una idea de progresismo que puede ignorar a los pueblos originarios como si no existieran y tenemos una izquierda que ha ignorado las luchas indígenas, por eso todo es mucho más difícil.

–¿Por qué el genocidio sigue pareciendo algo sólo de la dictadura y no también algo que afectó a los pueblos originarios?

–Porque cuesta a gran parte de los argentinos considerar la historia de los pueblos indígenas como parte de la historia argentina. Tiene directa relación con asumir si es algo que les pasó y pasa a los argentinos o les pasó y pasa a otros.

–El juez de la Corte Suprema, Eugenio Zaffaroni, le agrega el factor de la clase social afectada.

–Sin duda tiene que ver la clase social víctima, pero sobre todo hay una mirada racista dentro de lo que es el sentido común argentino. La sociedad argentina es racista respecto de los pueblos originarios. Se piensa que lo que sucede con otras personas no es tan importante, por eso hay dolores que no nos conmueven y otros que sí. Para mucha gente un campo de concentración se define como tal cuando ahí adentro hay gente que se parece a mí, si no, no es un campo de concentración.

–¿De ahí la negación del genocidio?

–Tenemos un paradigma donde la palabra “genocidio” se puede aplicar cuando a mí me importa, cuando mi grupo de pertenencia es el afectado. Y la mayor parte de la intelectualidad, de la gente que construye teoría y construye consenso social en estas situaciones, compartimos un sistema cultural de pertenencia. Hasta tanto no podamos siquiera entender el dolor de los otros y sentirlo como el propio, no hay interculturalidad posible. No hay forma de dialogar.

–¿Interpreta continuidades de las campañas militares a fines del siglo XIX y la situación actual de muerte por desnutrición en Chaco, Misiones y Salta, o por represión en Formosa?

–Los pueblos originarios son víctimas de un genocidio que aún no terminó. Por eso como Red hablamos de que en la Argentina existe un proceso genocida de los pueblos indígenas porque no le podemos encontrar la fecha de finalización. No sólo el Estado se construye sobre un genocidio sino que también nuestro marco de pensamiento se construye sobre el genocidio, de tal manera que no hemos salido aún de él. El genocidio realizado por el nazismo tiene fecha de finalización. El fin de la guerra, el suicidio de Hitler, los tribunales de Nuremberg. El genocidio de la dictadura tuvo una Conadep, juicios. El genocidio indígena no tiene fecha de finalización y no hay juicios.

–No existió un “Nunca más” para los pueblos originarios.

–No hubo fecha de finalización. No hay ni hubo una instancia de reparación. ¿Cuál sería la instancia autorizada si queremos hacer juicios? Porque el Estado es el mismo Estado genocida. La única manera para poder realizar algo similar a los juicios de la dictadura es que también esté integrado por pueblos originarios.

–¿Lo cree posible?

–Hoy en día hay un movimiento importante de pueblos originarios que no había hace diez años, y en algún momento se va a dar. No puede ser la misma sociedad genocida la que lleve la acusación; lo que sí puede hacer la misma sociedad genocida es movilizar la posibilidad de generar un cambio interno.

–¿Por qué “sociedad genocida”?

–Porque hay procesos que se siguen produciendo. Si bien hay una apertura muy importante para la inclusión de los derechos específicos de los pueblos indígenas dentro de los derechos humanos, la actitud del Estado hoy en día no es la misma que se tenía hace diez años, hay un cambio positivo. Pero cuando esos derechos reconocidos de los pueblos originarios confrontan contra intereses económicos, ya sea del Estado o de particulares, siempre se atenta contra los pueblos originarios.

–¿Por ejemplo?

–El Estado sustenta buena parte de su modelo en actividades como la soja, el petróleo y la minería, entonces el derecho indígena se cae. El mismo Estado que habilita a los pueblos originarios a hacer determinados reclamos por otro lado los hace callar con la violencia que sea necesaria cuando está en juego una actividad económica que el Gobierno impulsa.

–¿Cómo se entiende esa contradicción?

–Por eso digo que la sociedad no terminó aún de ser genocida con los pueblos originarios. Porque frente a estos dos parámetros en conflicto automáticamente le da la razón al paradigma económico.

–¿La sociedad o el Gobierno?

–Van uno con el otro, es un ida y vuelta. El paradigma económico es el que se constituyó junto con el Estado y hoy se desarrolla la continuidad de ese paradigma. Si bien hay espacios de apertura interesantes, cuando confrontan paradigmas el que sale ganador es el paradigma racista, donde tenés derecho a decir lo que quieras, pero si tenés petróleo en tu comunidad el organismo que decide no es el INAI, el Inadi, ni una oficina de interculturalidad, sino la Secretaría de Energía. Y punto, no hay discusión posible.

–Es la economía...

–Cuando lo que está en juego son intereses económicos, siempre se atenta contra los derechos indígenas, con leyes que debieran respetarse.

–Las campañas militares tuvieron una matriz económica, una decisión política y una complicidad o al menos una indiferencia de la sociedad. ¿Observa paralelos?

–Es muy similar. ¿Cómo se definió el avance económico a fines del siglo XIX? Se decidió por la apertura de nuevos terrenos para la explotación intensiva junto con nuevas tecnologías que tenían que ver con el manejo de la ganadería, alambrados, nuevas técnicas que acompañaban la inclusión de territorios para el mercado exportador. Y ahora estamos viviendo lo mismo, la soja es exactamente eso. La nueva tecnología y la incorporación de nuevos territorios que antes estaban libres, donde había comunidades que podían vivir.

–El petróleo y la minería repiten la misma lógica.

–Lo están padeciendo, entre otros, los mapuches en zona de meseta. Cuando las comunidades se habían establecido en la meseta, ese lugar no era objetivo de explotación; ahora sí. Hoy sufren un acoso tremendo e ilegítimo de parte de mineras y petroleras.

–Hay un argumento legitimador que se repite: el progreso.

–Sí, hoy es el desarrollo, como una utopía de la sociedad occidental, pero el problema es que se establecen como si fueran características que pudieran tener sólo la sociedad occidental y los otros no, y que además son a costa del vivir de los otros. El problema de este concepto de desarrollo o progreso, hoy encarnada en la política económica extractiva, es que se les da una entidad más importante que la vida y la dignidad humanas. El desarrollo es importante, pero, ¿es tan importante como para avalar que el avance petrolero, minero y sojero ocasione contaminación y muerte? Y, no es casual, siempre ese “progreso” es a costa del “otro”, nunca es a costa del grupo de pertenencia dominante.

–Usted afirma que el genocidio aún no tiene fecha de finalización, mientras los pueblos originarios se organizan y luchan.

–Sin dudas, hoy han ganado visibilidad como nunca antes y tiene directa relación con la organización y los conflictos que enfrentan en los territorios. Por eso siento mucho respeto por los dirigentes e intelectuales indígenas, sé que hay diferencias como en cualquier espectro político, pero tengo un gran respeto porque tienen que tener mucha decisión y coraje, ya que están haciendo un trabajo de concientización, de educación política a todo el resto de la sociedad. Ser dirigente indígena sigue siendo profesión de riesgo, sobre todo en algunos provincias, porque es muy probable que vayas preso o te maten por defender el territorio. Nunca hay que olvidar que son pueblos que sufrieron un genocidio, pero se mantienen vivos.

https://www.pagina12.com.ar/diario/dialogos/subnotas/178560-56060-2011-10-10.html


¿POR QUE DIANA LENTON?

Desentrañando el racismo

 Por Darío Aranda

Diana Lenton es doctora en Antropología Social por la Universidad de Buenos Aires y docente en la misma universidad. Su tesis doctoral analizó los discursos circulantes entre 1880 y 1970 sobre los pueblos indígenas y el diseño de políticas nacionales al respecto. Es investigadora adjunta del Conicet con un proyecto sobre la emergencia de organizaciones representativas de los pueblos originarios a partir de la década de 1970 y su articulación con otros movimientos sociales. Dirige un proyecto de investigación radicado en el Instituto de Ciencias Antropológicas de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, en el que se integran otros docentes-investigadores, tesistas y becarios sobre la temática. Desde 2005 es cofundadora, junto al historiador Walter Delrio, de la Red de Investigadores en Genocidio y Política Indígena, un espacio interdisciplinario de investigación académica y de “transferencia a la sociedad”, con el objetivo de aunar los esfuerzos de antropólogos, sociólogos, historiadores, educadores y comunicadores que trabajan por el esclarecimiento de las modalidades históricas de relación entre el Estado y los pueblos originarios. El colectivo de jóvenes investigadores ha logrado aportar pruebas concretas y documentadas sobre el genocidio ejecutado sobre los pueblos originarios. Su último libro es el indispensable Historia de la crueldad argentina.


CARTAS DE LECTORES
Sociología y sociedad
"Las ciencias sociales pueden contribuir a transformar el injusto orden social vigente". La frase pertenece a Bernard Lahire, quien disertó en la Alianza Francesa de Rosario el viernes 11 de noviembre, tomando como referencia su libro recientemente publicado   En defensa de la sociología.
Bernard Lahire coincide con Pierre Bourdieu -de quien es discípulo- que la sociología es una ciencia que incomoda, pues interpela a los sujetos sociales y cuestiona en sus perspectivas críticas la alienación, la explotación y la dominación.
Lahire señaló que en las sociedades contemporáneas hay una tendencia de los funcionarios gubernamentales en atacar públicamente a la sociología y a los sociólogos cuando analizan la estigmatización de los excluidos por el sistema capitalista, el racismo, la violencia institucional, la xenofobia y el hostigamiento a los inmigrantes que buscan refugio de las guerras. Se señala a los cientistas sociales como culpables de justificar la violencia social ejercida en las revueltas por los humillados y maltratados por el sistema establecido. Serían algo así como los mensajeros que traen los malos augurios las claves del malestar social a quienes hacen responsables y hasta justificadores de las escaramuzas callejeras.
Todo esto cuando sociólogos, antropólogos, politólogos hacen público ejercicio de la palabra.
El primer ministro francés Manuel Valls llegó a decir que "hay que dejar de comprender". Les apunta a los cientistas sociales que dejen de explicar las cosas a la población.
Lahire afirma que la desigualdad flagrante está la raíz de la violencia. Que cuando una persona tiene buenas razones para existir no buscará volar por el aire cargado con explosivos. Para este sociólogo, profesor en la Escuela Normal Superior de Lyon (Francia), el planteo del neoliberalismo acerca de la pura responsabilidad individual de las personas es una pura ficción, una falacia que soslaya los condicionamientos socio económicos y socio culturales.
Señala Lahire que "las ciencias sociales son la sociedad que quiere saber cómo funciona" y que "hay que pensar que el mundo es transformable y actuar"


Yves Klein


http://proa.org/esp/exhibicion-proa-yves-klein-retrospectiva-presentacion.php













http://www.yveskleinarchives.org/documents/bio_us.html












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